La Cuba comunista despertó ayer indignada tras la acusación formal de Estados Unidos contra Raúl Castro, que le iguala con Nicolás Maduro, pero también temerosa ante la escalada de presión estadounidense que no cesa. Donald Trump tardó pocas horas en recordar que no tienen ni un solo día de tregua: «Parece que seré yo quien lo lleve a cabo, así que lo haré con gusto. Queremos abrir las puertas a los cubanoamericanos para que puedan regresar y brindar su ayuda».

