
Mientras Venezuela intenta levantarse tras el devastador terremoto que dejó cientos de víctimas, miles de desaparecidos y comunidades enteras marcadas por la tragedia, comienza una etapa igual de importante que las labores de rescate: la recuperación emocional de quienes sobrevivieron y de quienes, de una u otra manera, fueron impactados por el desastre.
Por lapatilla.com
Para comprender qué ocurre en la mente de las personas después de una experiencia tan extrema, conversamos con el psicólogo clínico Sergio Yépez, especialista en psicología de emergencias con más de tres décadas de experiencia, ex Bombero Universitario de la Universidad Central de Venezuela y colaborador en misiones humanitarias junto a la Cruz Roja Internacional y otras organizaciones en países como Haití y Centroamérica.
Yépez explicó que el terremoto no solo destruyó edificios. También dejó una profunda huella psicológica que apenas comienza a manifestarse.
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El impacto emocional apenas comienza
Según el especialista, durante las primeras horas predomina un estado de supervivencia. Las personas actúan impulsadas por la adrenalina, intentando salvar vidas, encontrar familiares o colaborar en las labores de rescate.
Sin embargo, una vez que disminuye la emergencia inmediata, comienza un proceso completamente diferente.
“Ahora empieza la asimilación”, explicó Yépez. Es el momento en que las personas comienzan a comprender realmente lo ocurrido y aparecen emociones como la rabia, la impotencia, la tristeza y, posteriormente, el duelo.
El psicólogo destacó que el proceso no será igual para todos.
Quienes perdieron familiares, viviendas o sufrieron lesiones necesitarán mucho más tiempo para reconstruir su vida emocional, mientras que quienes observaron la tragedia desde otras ciudades también pueden experimentar afectaciones psicológicas importantes.
El peligro del “trauma por empatía”
Uno de los conceptos que más llamó la atención durante la conversación fue el denominado “trauma por empatía”.
Yépez explicó que el cerebro humano puede reaccionar emocionalmente ante imágenes traumáticas casi de la misma manera que si la persona hubiese estado presente.
Ver durante horas videos de rescates, cuerpos entre los escombros o testimonios desgarradores mantiene al organismo en un estado permanente de alerta.
La presión arterial aumenta, el cuerpo libera adrenalina y cortisol, el sueño se altera y el sistema nervioso permanece activado durante largos períodos.
“No es sano permanecer expuesto constantemente a ese tipo de contenido”, advirtió.
Incluso recordó que durante la tragedia de Vargas de 1999 se documentó un aumento en problemas cardiovasculares en Mérida en personas que únicamente siguieron el desastre a través de la televisión.
Por ello recomienda limitar la exposición a redes sociales, especialmente antes de dormir, y sustituir parte de ese tiempo por actividades cotidianas que permitan al cerebro desconectarse del estrés.
Ayudar también es cuidar la propia salud mental
El especialista aclaró que dejar de consumir imágenes del desastre no significa falta de solidaridad.
Por el contrario, considera que la mejor forma de canalizar la angustia consiste en transformarla en acciones concretas.
Donar insumos, colaborar con organizaciones humanitarias, participar como voluntario o apoyar económicamente programas de asistencia resulta mucho más útil que permanecer durante horas consumiendo contenido traumático.
Además, recordó que el país también ha mostrado su mejor rostro.
Miles de venezolanos se movilizaron espontáneamente para ayudar a desconocidos, compartir alimentos, rescatar personas y organizar centros de acopio.
“También debemos mirar esas historias”, afirmó, porque fortalecen la esperanza y reconstruyen el tejido social.
Los rescatistas también son víctimas
Uno de los grupos más vulnerables, según Yépez, son precisamente quienes participan en las labores de rescate.
Bomberos, médicos, paramédicos, Protección Civil, voluntarios y personal sanitario enfrentan una enorme carga emocional mientras trabajan durante jornadas interminables entre los escombros.
Muchos permanecen horas sin dormir, sin comer y sin descansar porque sienten que abandonar el lugar podría significar perder una oportunidad para salvar una vida.
Después aparece una segunda etapa.
Cuando finaliza el rescate comienzan a procesar cada una de las personas que no pudieron salvar, cada despedida y cada pérdida.
El especialista explicó que estos profesionales necesitan apoyo psicológico especializado, descanso obligatorio y sesiones de descompresión emocional para evitar secuelas permanentes.
No es casualidad, dijo, que muchas brigadas internacionales viajen acompañadas por psicólogos y psiquiatras exclusivamente dedicados al cuidado emocional de los equipos de rescate.
El duelo necesita tiempo
Uno de los momentos más difíciles llegará cuando disminuyan las operaciones de búsqueda.
Muchas familias aún mantienen la esperanza de encontrar con vida a sus seres queridos.
Mientras exista incertidumbre, el duelo permanece suspendido.
Yépez explicó que la desaparición de un familiar suele generar un dolor distinto al de una muerte confirmada, porque la mente continúa esperando una respuesta.
Solo cuando existe certeza comienza realmente el proceso de despedida.
En algunos desastres internacionales incluso ha sido necesario construir monumentos simbólicos o realizar ceremonias especiales para ayudar a las familias a cerrar emocionalmente esa etapa cuando no fue posible recuperar los cuerpos.
¿Cómo ayudar a quien sobrevivió?
El psicólogo insistió en que el error más frecuente consiste en tratar a los sobrevivientes únicamente desde la compasión.
“La lástima no ayuda”, explicó.
Lo realmente importante es devolver progresivamente la sensación de control sobre su propia vida.
Escucharlos sin juzgar.
Permitirles tomar decisiones.
Ayudarlos a recuperar sus rutinas.
Facilitar su regreso al trabajo, a los estudios o a las actividades cotidianas.
Cada pequeño paso representa una victoria psicológica.
La recuperación comienza cuando la persona vuelve a sentir que puede construir nuevamente su futuro.
Las señales que no deben ignorarse
Aunque durante las primeras semanas muchas reacciones son normales, existen síntomas que podrían indicar la necesidad de buscar ayuda profesional.
Entre ellos destacan:
- Alteraciones persistentes del sueño.
- Despertares frecuentes durante la madrugada.
- Pesadillas recurrentes.
- Problemas de memoria o concentración.
- Irritabilidad constante.
- Pensamientos repetitivos difíciles de controlar.
- Aislamiento social.
- Cambios bruscos de conducta.
- Dolores físicos sin explicación médica aparente.
- Gastritis, problemas de piel o caída del cabello asociados al estrés.
También llamó la atención sobre la llamada “infoxicación”: la intoxicación emocional causada por el consumo excesivo de información.
Si una persona dedica una parte importante de su día a revisar videos, redes sociales o noticias relacionadas con la tragedia sin necesidad laboral, aumenta significativamente el riesgo de desarrollar ansiedad y agotamiento emocional.
Dormir también forma parte del tratamiento
Durante la conversación, Yépez ofreció una recomendación especialmente útil para periodistas, voluntarios y ciudadanos que siguen minuto a minuto la cobertura del desastre.
Sugirió apagar teléfonos, televisión y redes sociales al menos una hora antes de dormir.
En ese tiempo recomienda realizar actividades sencillas como ordenar la casa, doblar ropa, lavar los platos o tomar una ducha caliente.
El objetivo es permitir que el cerebro reduzca progresivamente su nivel de activación antes del descanso nocturno.
Dormir bien no solo mejora el estado emocional.
También fortalece el sistema inmunológico, reduce el estrés y permite afrontar con mayor claridad los desafíos del día siguiente.
Una tragedia que también mostró la mejor versión del país
Más allá del dolor, Sergio Yépez considera que el terremoto también dejó una enseñanza esperanzadora.
En medio del desastre reaparecieron redes de solidaridad que parecían debilitadas tras años de crisis económica y social.
Vecinos ayudando a vecinos.
Voluntarios trabajando día y noche.
Rescatistas arriesgando sus propias vidas.
Organizaciones nacionales e internacionales coordinando esfuerzos.
Para el especialista, esa capacidad de colaboración representa uno de los pilares fundamentales sobre los cuales podrá construirse la recuperación emocional del país.
Porque sanar no dependerá únicamente de reconstruir edificios.
También será necesario reconstruir la confianza, la esperanza y el sentido de comunidad.
El proceso apenas comienza, pero, como concluye Sergio Yépez, entender el trauma, hablar de él y pedir ayuda cuando sea necesario será tan importante como cualquier operación de rescate.
Esta nota está basada en la entrevista realizada a Sergio Yépez y en los principales temas desarrollados durante la conversación.


