Luiz Inácio Lula da Silva necesita ser Mark Carney. Al presidente brasileño le vendría muy bien que Donald Trump se ensañe nuevamente con su país, como ya hizo en julio de 2025. Aquella batalla contra el imperio por la soberanía revitalizó a Lula y le permitió cerrar el año como favorito para ganar las elecciones del 4 de octubre, y eventualmente la segunda vuelta del 25 de ese mes, y convertirse por cuarta vez en el líder de la mayor economía de América Latina. Pero ese efecto ya se esfumó, y el viento de cara es cada vez más fuerte para el veterano líder de izquierdas.

